Espiritualidad, ¿que es eso?



Espiritualidad ¿que es eso?


 

“Bueno, y cómo hacerle entender a quienes son católicos o cristianos en cualquiera de sus vertientes, que en su charla no les va a cambiar de religión”, inquirió al aire un periodista que amablemente me había invitado a participar de su programa de radio. Está claro que esta pregunta se origina en una de las eternas confusiones humanas: espiritualidad y religión y ya es hora de deslindarlas para beneficio del mismo ser humano y sus aspiraciones de realizar una comprensión existencial de la Vida.

 

Asimilar la espiritualidad a la religión siempre ha ido en 
detrimento de la primera, menoscabando su carácter laico, lo que en consecuencia ha llevado equivocadamente a definirla como la “ciencia que estudia y enseña los principios y las prácticas que componen la piedad o el servicio a Dios”. Puesto que como lo señala Krishnamurti la espiritualidad consiste en descubrir y mantener un orden interior, o como lo propone el MAESTRO José Manuel Estrada, la espiritualidad corresponde al estudio de las leyes que rigen el universo, entonces las creencias, actitudes y prácticas relacionadas con un culto a cualquier dios, son propias a la religión y nunca a la espiritualidad. 

 

Hoy, en esta era llamada de Acuarius, es el momento preciso para avanzar en la profundización teórica de una espiritualidad laica y en la vivencia clara y precisa de la misma. Así pues, si la espiritualidad tiene que ver con el descubrimiento y mantenimiento de un orden interior o con el estudio de leyes que al final de cuentas son las que permiten el orden, entonces, para determinar en qué consiste ese orden es necesario afinar qué es lo que en últimas se ordena o desordena.

 

Para empezar hay que señalar que venimos a este mundo disponiendo de tres cuerpos, realidades o posibilidades: lo físico, lo anímico (energético) y lo mental. En principio, no hay más que tres cuerpos desbalanceados, asincrónicos y desalineados, es decir, desordenados.

 

Desbalanceados, porque siempre hay en el ser humano una tendencia a interesarse con mayor intensidad por alguno de los tres aspectos. Por ejemplo, si a alguien se le invita a una conferencia, quien es proclive a lo físico preguntará por el sitio (¿Está lejos? ¿Es cómodo?), ¿darán algo de comer?; si se inclina más por lo anímico entonces mostrará preocupación por si conoce o no personas que van a ir, por el ambiente en que se desarrollará el evento o quizá se motivará si el conferencista le parece buena persona, alguien de confiar; aquellos a quienes les mueve más lo mental analizarán el tema, la trayectoria del conferencista y hasta la solidez intelectual de quienes promueven el evento. Existen tendencias claras en cada uno de los seres humanos que le impulsan con mayor énfasis e interés en alguna de las tres realidades o posibilidades señaladas. El desbalanceo resalta el desequilibrio entre los pesos que soporta cada uno de los tres cuerpos exaltando alguno de ellos en detrimento de los otros dos.

 

Los cuerpos de un ser humano son asincrónicos en el sentido de que la persona no tiene una experiencia de presente, o sea, de aquí y de ahora. Usualmente un ser humano al encontrarse en un sitio y situación suele de hecho estar físicamente presente, pero muchas veces su cuerpo anímico (emocional) está en otro sitio o momento apegado a recuerdos o estados afectivos, y su cuerpo mental, mucho más volátil que los otros dos, estará comprometido con ideas, pensamientos o compromisos que le sustraen al momento presente. La asincronía de un ser humano, tal como ocurre con los vehículos a motor, lo debilita fuertemente; le lleva a perder mucha fuerza y capacidad y se expresa como ausencia de presente o distracción, falta de atención y pérdida del estado de alerta.

 

La desalineación humana de los cuerpos físico, anímico y mental conduce a perder perspectiva y profundidad. Ella consiste en que los tres cuerpos usualmente apuntan y avanzan en diferentes direcciones movidos por diferentes intereses, tal como tres rostros con la mirada orientada cada uno en uno sentido particular. Cada uno de ellos busca lo que le motiva sin preocuparle si se integra o no con lo que buscan y encuentran los demás cuerpos. La desalineación en un ser humano lleva aparejada la angustia de no saber qué camino tomar, puesto que su cuerpo físico le dice una cosa, el emocional otra y el mental le señala cualquier otra posibilidad.

 

El camino de la espiritualidad debe llevar a un ser humano a avanzar en el propósito de un orden interior como ya se señaló; es decir, la espiritualidad implica balancear, sincronizar y alinear los tres cuerpos. O como lo señala el MAESTRO José Marcelli, lograr la suma de tres posibilidades resumidas en una: el espíritu. Un espíritu o vivencia espiritual de la Vida debe ser construida, trabajada y no es recibida de la Vida más que como una potencialidad. Potencialmente es posible desarrollar esta posibilidad. Es ello lo que gesta la diferencia entre un animal racional, como corresponde a la inmensa mayoría de seres humanos y un Ser Humano. Podría decirse que quien ha desarrollado su espiritualidad logra un principio de identidad en el presente, que le permite vibrar en el cuarto plano o dimensión de los siete que estructuran el Universo en el que nos encontramos; ya no es más un animal racional. Como es fácil deducir, un ser humano que solo mantiene su vida manifestada en los tres cuerpos básicos, igualmente solo podrá vibrar o asimilar las vibraciones propias a las tres dimensiones físico-energético-mental correspondientes en el Universo.

 

El principio de identidad vivido por quien desarrolla la espiritualidad o aprende a vivir espiritualmente, se caracteriza por la expresión natural de valores (que precisamente valorizan la vida):

1.      No puede ser manipulado porque dispone de la capacidad de DICERNIR. Es decir….: se da cuenta de lo que conviene rechazando lo estéril; diferencia lo válido de lo inútil; no puede ser engañado con dádivas o sometido con amenazas.

2.      Una persona espiritual expresa CONGRUENCIA entre lo que dice y lo que hace, por lo que nunca será un fantoche ni asumirá falsas modestias.

3.      La RESPONSABILIDAD sobre si-mismo es un atributo importante de la espiritualidad. No hay ya tentación ninguna de echarle la culpa a nadie o a nada de lo que suceda con la vida particular.

4.      Quien es espiritual entiende y asume el SERVICIO  a la Vida de manera impersonal y abnegada. Impersonal porque no está reclamando ningún reconocimiento para si-mismo y abnegada porque pone lo mejor de si, sin reserva alguna.

5.      No menos importante que los anteriores es el RESPETO hacia todos los seres eliminando cualquier tipo de prejuicio. Un principio de identidad en el presente lleva a un ser humano a respetar a todos los demás seres humanos (y demás seres) sin distingo alguno de credo, raza, color, sexo u orientación sexual, condición social o física, edad, u opinión política.

 

Tal vez estos atributos o cualidades de la espiritualidad sean otra forma de hablar del amor y libertad siempre señalados por el MAESTRO José Marcelli como propios a lo espiritual. La espiritualidad es la base a partir de la cual un Ser Humano puede lanzarse a fronteras superiores y en ese sentido el Amor se convertirá en una experiencia de lo a-espacial (lo infinito) y la libertad se transformará en una experiencia de lo a-temporal (la eternidad). Un presente que converge y diverge eternamente (libremente) e ilimitadamente (amorosamente), permitiendo que se manifieste una Identidad profunda con la Existencia o Vida y ya no tanto un atisbo o principio de identidad.

 

Y cómo desarrollar esta espiritualidad? Por puro contraste con la religión es posible estructurar un método de trabajo que le permita a un ser humano lograr una vivencia espiritual de su vida. La religión, cualquiera que esta sea, exige a sus fieles o seguidores por lo menos tres cosas: una moral, unas creencias y un culto. La espiritualidad se propone una ética y no una moral, un encuentro con el conocimiento aplicado a la vida (cognosis) y no creencias, y no requiere de ningún culto pero exige autodisciplina.

 

El filósofo español Fernando Savater define la ética como el saber vivir o el arte de vivir, señalando que en ese sentido la ética configura un medio mediante el cual el ser humano ejerce la libertad de escoger entre lo conveniente y lo inconveniente, evidentemente aceptando la posibilidad de equivocarse y por lo tanto afinando su capacidad de acertar. En cualquier caso la ética se diferencia de la moral porque la primera se construye sobre principios universales, la segunda obedece a un conjunto de reglas que se acuerdan y que en muchos casos surgen como resultado de componendas. Por ello en muy común encontrar, que lo que en algunos pueblos o regiones se establece como moral, en pueblos y regiones diferentes o les parece inmoral o francamente les tiene sin cuidado. Es muy fácil encontrar ejemplos de ello en muchos temas, especialmente en aquellos que suelen ser tan sensibles como los sexuales.

 

Si la ética obedece a principios universales, cuáles podrían asumirse como tal para estos nuevos tiempos. Una buena propuesta es el Yama, las abstinencias propuestas por Patánjali en los Yoga Sutras de lo que se conoce como Yoga Clásico; es decir: Abstenerse de Violencia (NO VIOLENCIA - AHIMSA), abstenerse de robar (NO ROBAR - ASTEYA), abstenerse de mentir (NO MENTIR - ASATYA), abstenerse de codiciar (NO CODICIAR - APARIGRAHA) y BRAHMACHARYA, que se suele traducir como abstinencia sexual. Estos cinco principios se han planteado como tales desde tiempos inmemoriales en diferentes latitudes, aunque con nombres diversos como no matar, honestidad, no levantar falso testimonios, etc.

 

El gran problema de los principios es que si no están acompañados de un medio para su desarrollo, entonces, no pasarán de ser reglas de autocontrol muy cercanas a una moral. El ser humano en general suele perder la lucha contra las reglas de autocontrol. Por más que una persona, por ejemplo, insista en no mentir siempre encontrará la forma de justificar la mentira, y si asume no mentir en todas sus posibilidades entonces tendrá un sin número de conflictos porque no tenemos un mundo preparado para actuar desde la verdad. La solución para desarrollar los principios señalados como abstinencias es lo que el Yoga Clásico enseña como NIYAMA, o sea las observancias. Si se quiere lograr el YAMA (las abstinencias) hay que cumplir con el NIYAMA (las observancias).

Así pues: para conseguir la NO VIOLENCIA actuar mediante la PUREZA o LIMPIEZA (SAUCHA); hay que evitar poner cualquier tipo de basura o chatarra en el interior a través de cualquiera de los sentidos. Inclusive, dado que es imposible controlar la calidad (en el sentido de bueno, bello e inteligente) de todo lo que se ve, escucha, saborea, ingiere o se palpa, entonces es bueno de vez en cuando usar alguna forma de limpieza (comer poco alguna vez, no ver televisión por algún tiempo, etc.). Para vivir el NO ROBAR, no solo en el sentido de tomar objetos inadecuadamente, hay que vivir la AUSTERIDAD (SANTOCHA), es decir, no tener lo que no se necesita o no se use. Llenarse de objetos que no se necesitan o usan, suele llevar a trabajos innecesarios que consumen energía propia o ajena y que al final son una forma de robar a si mismo por esfuerzos innecesarios; igualmente es posible robar en el sentido de negarles a otros la oportunidad de que dispongan o accedan a lo que se atesora innecesariamente, tal como ocurre con los libros para citar solo un ejemplo. El AUTOESTUDIO (SVADHYA) es el camino para el NO MENTIR. La mentira siempre surge del deseo de engañar, dañar o inclusive ostentar lo que no se tiene o se es. El autoconocimiento, el descubrimiento de lo que se tiene y de lo que se es, por mucho o poco que parezca suele ser suficiente para darse cuenta del enorme potencial de la vida de cualquier ser humano, y entonces: para qué mentir? Sobra la mentira. No hay necesidad de autoengaño o aun del más mínimo intento de engañar a otros. Eliminar la CODICIA puede lograrse a través del CONTENTAMIENTO (TAPAS). El contentamiento, un gusto existencial, un gusto por estar vivos por el solo hecho de estarlo si más calificativos. La Vida tiene la suficiente magia (belleza, bondad, inteligencia) en si misma para que cualquier ser humano que la descubra viva confiado, encantado y feliz. Con ello, qué se podría codiciar; qué se podría desear de manera exacerbada diferente a vivir mágicamente, es decir, en confianza, con encantamiento y felicidad.

 

Capítulo aparte requiere proponer una acepción de BRAHMACHARYA. Este es uno de los cuatro ashramas o etapas en la vida de un brahmán o sacerdote hinduista. Literalmente significa “el que se mueve con Dios (Brahma)” o inclusive, “el que estudia a Dios”. Son los vedánticos (religiosos) los que le han dado la acepción de celibato, castidad o NO SEXO. Muy seguramente esto se puede explicar en cuanto que para todos los religiosos, el sexo es un demonio provocador y fuente de perdición. Si el concepto es de estudio a Dios, entonces, Brahmacharya debería traducirse como la NO CREENCIA. No hay que creer en Dios, hay que estudiarlo. Y es posible que en algún momento de la tarea de estudiar a Dios, se requiera el celibato, pero siempre será temporal, porque Dios tendrá también que ser encontrado en la sexualidad, en la cual tiene una poderosa presencia. Estas ideas llevan a recordar aquello que afirmaba el MAESTRO Estrada de que, “a Dios se le ha pedido, a Dios se le ha rogado, pero a Dios no se le ha estudiado”. Ya es hora de hacerlo.  

 

ISHVARA PRANIDHANA es lo que propone el NIYAMA, que puede ser asimilado como el impulso para desarrollar BRAHMACHARYA. Suele traducirse como entrega a dios, o culto a dios, y en la misma línea de brahmacharya, estas definiciones surgen de la concepción vedántica de la Vida. Ishvara Pranidhana puede proponerse como… tener una idea de dios, la que sea. Ya sea la idea del dios judeo-cristiano (duro, cruel, justiciero y en ocasiones amoroso); o como alguno de los dioses hindús que suelen ser danzantes y sicológicamente más humanos; o simplemente como un potencial puro; o como lo propone el MAESTRE S. R. de la Ferriere, una inteligencia inconsciente; o la idea de dios que postula el MAESTRO Estrada: “un conjunto de leyes”. Inclusive, se vale no tener una idea de dios en cuanto pensar que no hay nada a quien o a que reconocer como dios. Así pues quien tiene una idea de dios, cualquiera que esta sea, deberá como un principio ético estudiar esa idea (brahmacharya), no simplemente creer en ella.

 

Tal vez haya que redondear estos planteamientos sobre la ética, señalando que quien va logrando el Yama (no violencia, no robar, no mentir, no codiciar, no creencia), a través de la práctica del NIYAMA, va modificando todas las situaciones o circunstancias que lo pudiesen llevar a la violencia, al robo, al mentir, al codiciar y a la creencia. No tiene que luchar o autocontrolarse para llegar al YAMA.

 

En cualquier caso, la espiritualidad nunca exige una creencia de ningún tipo. Se puede ser ateo y profundamente espiritual. Las creencias suelen ser la fuente de muchas de las guerras llamadas santas, que de paso hay que decirlo se caracterizan usualmente por su gran crueldad y aprovechando la oportunidad es bueno insistir en que ninguna guerra se justifica y todas ellas son la más clara expresión de estupidez humana.

 

En lugar de algún tipo de creencia, lo que sí requiere la espiritualidad es el estudio de las leyes que rigen la Vida en todas sus manifestaciones. COGNOSIS, puede ser una buena palabra para designar este empeño de estudiar las leyes de la Vida y darles un sentido útil para cada quien. No se trata de estudiar las leyes de la Vida en un mero esfuerzo intelectual. El propósito es ayudarse de la comprensión de las mismas, para mejorar la vida personal en el sentido de bienestar, felicidad y trascendencia. Existen diversas formas de aproximación a este objetivo. Por ejemplo, el estudio de las siete Leyes que según la tradición Hermética sustentan el universo es una buena forma de hacerlo. O se puede avanzar a través del estudio de las leyes expresadas como los sellos del León de la Tribu de Judá. Así pues, por ejemplo, cómo es posible asimilar para la Vida cotidiana que de acuerdo con la tradición Hermética “todo en el universo es mental, todo es mente”, y que en esa misma línea según el tercer sello del León de la Tribu de Judá “Dios es el conjunto de leyes a través de las cuales existe todo lo que vemos y palpamos”. Si todo obedece a Leyes, entonces todo expresa un Orden Inteligente (mental). Quien ha asimilado este conocimiento vive inteligentemente porque obedece al orden y entiende que el desorden es enfermedad y entonces su propósito será afirmarse en el orden (salud) y avanzar inclusive en el descubrimiento de ordenes inteligentes superiores al humano (consciencia). 

 

Quien no estudia las Leyes que rigen la Vida y vive de acuerdo con ellas, tendrá que pagar a través del sufrimiento por vivir en este planeta. Su ignorancia según el Buda, le llevará a cargar con el peso del desorden existencial o incumplimiento de las Leyes y por lo tanto al sufrimiento.

 


La ética y la cognosis se refuerzan en la construcción de espiritualidad mediante la AUTODISCIPLINA. La espiritualidad, así como se aleja de la moral y no exige ninguna creencia, tampoco requiere de un culto. Pide, eso si, autodisciplina mediante la cual se busca entre otras cosas, regular todos nuestros procesos físicos, energéticos y mentales y sus facultades correlativas permitiendo el desarrollo de las consciencias, que según propone el MAESTRO José Marcelli corresponden a la sensorial, valorativa, intelectual e inclusive mística. Esta última solo suele darse en quien efectivamente logra una experiencia realmente espiritual y se pone más allá de su condición de animal racional como se señaló en párrafos anteriores.

En fin, el camino mediante el cual se avanza en la vivencia de la ética, la cognosis y la autodisciplina lleva al encuentro con la espiritualidad; al descubrimiento de un orden interior que complementa al orden exterior, usualmente objeto de estudio de la ciencia. Es decir, que permite descubrir que la espiritualidad complementa a la ciencia tal como lo manifiesta Krishnamurti y que no es la religión la que cumple con este oficio.

 

La religión se opone complementariamente a la Iniciación como vías de desarrollo trascendente. Es decir, cuando un ser humano se inquieta por entender lo que significa la Vida, en el sentido del “darse cuenta” de K. Wilber y no en el de una simple aproximación intelectual, entonces puede asumir como posibilidades básicas a la Iniciación y a la Religión. La Iniciación implica un esfuerzo permanente de construir respuestas a las preguntas existenciales que se pueden llegar a formular en la vida humana (quién soy, qué hago aquí, de dónde vengo,….). Para ello la Iniciación se apoya en la ciencia y en la espiritualidad. La primera para buscar la comprobación empírica (experimental) de lo que se afirma o dice y la segunda, para darle sentido a esa experimentación, en cuanto que no se vale todo. Si quiero saber de la utilidad de la meditación debo practicar meditación, pero no requiero tomar licor para darme cuenta lo que significa ser un borracho. Por su parte la religión es el camino de las respuestas preestablecidas, predefinidas y que por lo tanto lo que exige es una creencia en estas respuestas. Como tal no implica una posición científica – espiritual que provea de la consciencia necesaria para formular las propias respuestas. Solo requiere la creencia en lo que ya se ha formulado por alguien y de paso, casi siempre, un culto a ese alguien.      

 

Por lo demás, con lo expresado en estas líneas es fácil concluir que se puede llegar a vivir espiritualmente sin la práctica de ninguna religión. Es posible deducir que hay seres humanos espirituales que no son religiosos y muchos religiosos no son espirituales. Tal vez la única acepción valida de religión para un espiritual es la de “religare” o reunir, pero no en el sentido de unión con algún dios, sino en el sentido de construir comunidad centrada en el humanismo, en la mejora de la vida para todos sin exclusión ninguna.  

 

Será la implantación de un estado de consciencia asimilado a una vivencia espiritual de la vida lo que permitirá desarrollar una Nueva Era orientada hacía un humanismo que se refleje en la equidad, la sabiduría y la fraternidad. Sin la vivencia de una espiritualidad alejada de la religión, esto no pasará de ser una quimera, un simple sueño.  

Gurú Gerardo Motoa,PhD.

 

 

PD.1. Dice el MAESTRO José Marcelli en una carta relativamente reciente: “La religión puede definirse como un conjunto específico de creencias y prácticas generalmente relacionadas con un grupo organizado. La espiritualidad puede definirse como el sentido personal de paz interior, propósito y conexión con los demás, así como las creencias acerca del significado de la vida”.

 

PD.2. Dice Osho: “Puedes acumular las respuestas de otros, pero seguirás siendo un ignorante”.

 

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