Quién Soy?


A QUIEN PUEDA INTERESAR. 30-VIII-09

QUIÉN SOY?

 

Cuando un individuo cualquiera se pregunta quién es (quién soy?), la sociedad humana a la que pertenece suele responder con estereotipos nacidos de intereses raciales, religiosos, sexuales, políticos y hoy, principalmente comerciales y lógicamente económicos. La sociedad construye o define estereotipos y despliega todas sus fuerzas para convencernos de que somos eso y además de que cuando alguien no se acerca a estos estereotipos, entonces es un fracasado o un rebelde peligroso. Por qué es posible que eso ocurra? Por qué con tanta facilidad se cae en la trampa social y se asimila tan profundamente los paradigmas de una sociedad, cuando en muchas ocasiones se es consciente de la banalidad de la misma, de su superficialidad. Tal vez el origen de todas estas confusiones radica en la complejidad de construir una respuesta a la pregunta quién soy, que empuja a transformarla en algo más cercano, qué soy.

 


La respuesta a quién soy implica un proceso profundamente existencial, autónomo, propio, nunca mecánico y mucho menos racionalista. Nadie puede encontrar esa respuesta en nombre de otro o para otro. El camino, es decir, la Vida, debe ser transitado por quien está comprometido con esa pregunta, viviendo en profundidad, superando la superficialidad, dejando atrás el sobrevivir y ocupándose del vivir. Que cosa tan curiosa que resulte tan difícil el vivir para la inmensa mayoría de las personas. La sociedad humana se ha ido haciendo tan complicada que a penas si hay tiempo. Todos van y vienen brincando de una cosa a la otra con la idea fija de que entre más ocupaciones se tengan, mejor. Un ser humano socialmente importante suele ser alguien con una agenda diaria muy comprometida. En esa carrera desenfrenada, es claro que no hay tiempo para vivir, porque el vivir requiere de pausa, mesura, atención, relación, vínculo, observación. Y cuando no es posible vivir, porque no es posible la profundidad, entonces frente a la Existencia se acude a la pregunta qué soy, para la cual solo se requiere elaborar respuestas racionales como lo señala K. Wilbert.

 

Usualmente se abandona el quién por el qué soy, por la superficialidad con que se acomete la Vida. Hoy la sociedad humana, desde la producción y el consumo, se esfuerza en convencer a sus miembros que simplemente son agentes productivos y consumidores. Solo eso. Así, racionalmente se pueden construir modelos o estereotipos sustentados por imágenes de éxito de acuerdo con parámetros de producción y consumo que la misma sociedad define. Quien no los alcanza suele ser señalado y marginado. Cabe mencionar que en otras épocas los parámetros los han dictado los religiosos, los políticos o cualquier necio megalómano.  

 


Insistir en el qué soy lleva a las personas a vivir vidas prestadas o como lo propone Oscar Wilde: “La mayoría de la gente son otra gente, sus pensamientos son la opinión de otros y sus vidas son una imitación, sus pasiones son una cita de otra persona”. Esto crea un gran vacio existencial puesto que se persiguen imágenes que nunca terminan de concretarse. Quien vive vidas prestadas o sea, tomadas de lo que se le dice que hay que ser, algún día inevitablemente caerá en un profundo cansancio de intentar algo que no es posible. Vivir persiguiendo estereotipos o vivir vidas prestadas (las que señalan los padres o el esposo o la esposa o cualquier agente social), resulta tremendamente agotador.

Una buena posibilidad para responderse a si mismo quién se es, a través del vivir o simplemente sin vivir vidas prestadas, es la Iniciación en la Verdad y en la Vida. Iniciarse en la verdad no en la mentira. Iniciarse en la vida no en la muerte. Esto hay que hacer un esfuerzo por asimilarlo.

 

La verdad no es la verdad pregonada por la sociedad de consumo; es la verdad formulada por la Existencia. Mientras que la sociedad de consumo nos envuelve en las veleidades del tener-hacer (se es lo que se tiene y si no se tiene, no se es nada), la Existencia propone el ser-estar. El tener-hacer se plantea mal desde el principio en cuanto que todo el potencial humano se orienta a acumular cosas, objetos, quereres, saberes, en un afán esquizofrénico que suele conducir al mal-estar. Hay un esfuerzo tremendo por tener y para ello se hace lo que sea llegando inclusive al descuido que se resume como malestar, sentirse mal a pesar de que se tiene. No se trata de no tener; se trata de que lo que tengo no me tenga a mi y la medida siempre será el bienestar: sentirse bien. Y el asunto no termina allí. Así como se formula una relación dual y de doble vía entre el tener y el hacer (consumir y producir), desde la Existencia misma el estar se relaciona con el ser igualmente en una relación dual y de doble vía. No se puede estar sin ser y no se puede ser sin estar. Ahora, quien se encuentra en malestar no podrá reconocer lo que auténticamente es; la angustia, el sufrimiento, se lo impide. Por el contrario, desde el bienestar es posible darse cuenta que hay algo que permanece a pesar de que todo cambia inexorablemente.

 


Tal ves esto sea otra forma de plantear aquello de la salud y la consciencia que propone el MAESTRO José Marcelli. Según el MAESTRO Marcelli se debe cuidar de la salud en lo humano y cultivar la consciencia de lo sagrado (un potencial eterno e infinito). Y vale la pena aprovechar la oportunidad para insistir en que lo humano y lo sagrado, son dos aspectos de lo mismo. No están aislados uno del otro, se mezclan, interactúan, se sustentan entre ellos, coexisten. Así ocurre con el estar y el ser. No hay límite o frontera entre uno y otro: estando se es y siendo se está. Para lo humano no se puede ser sin estar y no se puede estar sin ser. La única diferencia entre lo humano y lo sagrado y entre el estar y el ser, es que lo humano y el estar son cambiantes, mutables y lo sagrado y el ser, no. En fin, por correspondencia podría decirse que se está en lo humano y se es en lo sagrado.

 

Por lo demás ya se ha dicho que el camino, la verdad y la vida son uno solo. Por eso quien vive no solo no perdiendo detalle sino cuidando de ellos, atento, observante, curioso, presto al asombro y a la risa, está vivo. La superficialidad ya mencionada, la distracción, el descuido, la ausencia del humor, la mecanización en la cotidianidad, lo anodino e indiferente son propios de quienes están muertos en vida, sepulcros andantes como también se les ha llamado. La verdad del ser y estar debe permanecer enriquecida con vida, es decir, con detalles, atención, observación, curiosidad, asombro, humor….

 

Así pues, el que camina la Vida desde la Verdad que hay en ella se encontrará con la respuesta a la pregunta quién soy, que siempre ha estado dentro. Entonces comprenderá la suave sonrisa del Budha, la danza de Krishna, el resplandor de Moisés, el vuelo de Quetzalcóatl y la confianza profunda del MAESTRO Estrada. Podrá decir: Yo Soy El Que Soy y no tendrá que explicar nada porque su sola presencia lo dirá todo. 

 

Gurú Gerardo Motoa,PhD.



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